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Àlex Oltra, reportero gráfico: «Fotografiar desigualdades me da la oportunidad de contar cosas fundamentales para el mundo»

Cambiar el mundo usando su cámara fotográfica. Esa es la pretensión del joven reportero gráfico gandiense Álex Oltra que durante noviembre y diciembre ha sido testigo de los proyectos humanitarios que Globalmon y Acaps están realizando en el Tercer Mundo. Después de retratar la cruda realidad de los campos de refugiados saharauis y la miseria del Valle de Logone en el Chad, este prometedor profesional que comenzó su carrera en Safor Guia, organizará una exposición en la que también veremos el resultado de un futuro viaje a la India con la Fundación Vicent Ferrer. Un trabajo que despertará muchas conciencias y que será la opera prima de un fotógrafo que pretende retratar las consecuencias de los conflictos en todo el mundo.

Juanjo Benítez_18/12/2008

¿Cómo surgió esta iniciativa en la que está participando?
—Hice una propuesta al Ayuntamiento de Gandia para acudir como testigo de los proyectos humanitarios con los que está colaborando. Tengo un gran interés en estos proyectos tan fundamentales para estos países, por lo que se convirtió en algo muy importante para mí.

¿Cuál es su objetivo?
—El objetivo final es hacer una exposición que demuestre la labor de las ONG que están trabajando allí, para concienciar a la gente de la difícil situación que se vive. Aquí tenemos crisis, pero allí la crisis es continua. La pretensión es también que no se olvide el problema del Sahara y las penurias que viven muchas personas.

¿De qué proyectos ha sido testigo en los países que ha visitado?
—Visitamos el proyecto que Globalmón tiene en Yagua, una ciudad fronteriza junto el río Logone en el Chad. Allí tiene una escuela y cruzando el río, ya en Camerún cuenta con cuatro o cinco escuelas más. Y el proyecto del Sahara, en el que colabora Acaps, es de ayuda humanitaria y de acogida a niños del programa Vacances en pau.

¿Qué es lo que más le ha impactado de lo que ha visto?
—En el Chad, me impactó la miseria que solo había visto en documentales y el abandono de las personas que no tienen dinero allí, que son la mayoría, y que viven en condiciones muy lamentables, sin nada que llevarse a la boca. Y en el Sahara, la dejadez de los organismos internacionales, que les dan la razón, pero que no son capaces de plantar cara a Marruecos. El pueblo saharaui está en Argelia, desplazado en un desierto en el que no hay nada. El día que se vaya la ayuda humanitaria morirán todos de hambre.

¿Ha habido alguna escena que le haya revuelto el estómago?
—La verdad es que he tenido momentos de ese tipo en los dos viajes. En el Sahara, estuvimos en un hospital que estaba medio vacío porque era la fiesta del cordero con la que concluye el Ramadán. Entramos en la sala de Pediatría y había dos mujeres, con un niño en brazos. Me impactó que lloraba muy flojito, como sin fuerzas. Me di cuenta de la cruda realidad que estaba viviendo, y me conmocionó bastante.

¿Averiguó qué tenía el pequeño?
—Tenía desnutrición, como les pasa a muchos niños de allí. Lo que sucede es que cuando están enfermos, les dejan de dar de comer, pensando que así se sanarán. Igual que les quitan un diente cuando les duele la cabeza. Y luego, en el Chad, un momento que me marcó fue ver a la cantidad de niños que se hacinaban en los colegios. En una clase de 40 m2, quizás había 200 niños, todos calladitos y mirándote. La verdad es que me impresionó mucho.

Lo que más le conmueve son los niños.

—Sí, porque son los más indefensos y los que más sufren.

¿Ha tenido la oportunidad de relacionarse con la gente de allí?

—Sí. Porque vas con la cámara y no te puedes presentar como una persona. Eres una persona, pero también un fotográfo y la gente sabe que en cualquier momento le puedes sacar una fotografía y tienes que contar con su consentimiento. Por eso se crean lazos, después de entablar conversación para que sepan que no quieres ofenderles, ni meterte en su intimidad. ¿Te puedo hacer una foto? Lo he dicho de mil maneras diferentes y la gente siempre ha respondido muy bien. Además, como también vas arropado por la ONG, saben que estás allí para ayudarles y se crea un vínculo maravilloso entre las personas.

¿Algún recuerdo de alguien en especial?
—Guardo muchos recuerdos, pero, por ejemplo, en el hospital de mutilados de Mártir Cherif, encontré a un ciego que se portó fenomenal conmigo y me ayudó mucho. Cuando acabé, me regaló un anillo en el que está pintada la bandera del Sahara que lo llevo conmigo. También, recuerdo en el Sahara, a una chica sordomuda, que tenía más agallas que todas las demás mujeres juntas.

¿Quién te ha acompañado en las dos expediciones?

—En el viaje de Globalmón, había un sexólogo, un profesor de Bellas Artes y un arquitecto francés.

Y ¿qué hicieron allí?

—El sexólogo dio una conferencia sobre el SIDA. El profesor hizo un concurso de dibujo en los colegios, y el arquitecto se fijaba en cómo construían las escuelas y les daba consejos para mejorar las estructuras, etc.

¿Y la del Sahara?
—Era diferente. Estaban Isabel y Salvador, de ACAPS, y había también políticos de los diferentes grupos del Ayuntamiento de Gandia. Fue una convivencia excepcional entre todos, independientemente del color político, y me gustó que lo que en principio creían que iba a ser un viaje de placer, se convirtiera en un descubrimiento de la dura realidad que allí se estaba viviendo.

¿Conociste al comandante en jefe del Frente Polisario?
—Coincidimos dos o tres veces y es una persona estupenda. Muy accesible y amable.

¿Qué has aprendido de la experiencia?
—Profesional y personalmente, me llevo casi lo mismo, que es mucho. Profesionalmente, ha sido fantástico, porque a mí me gusta la fotografía de conflicto, y el estar en un campo de refugiados del Sahara ha sido mi primera toma de contacto con este terreno profesional. Haciendo este tipo de trabajos la profesión de fotógrafo se dignifica muchísimo. Lo que pasa es que después de volver, me doy cuenta de que quizás estas fotos me ayuden más a mí que a ellos. Por mucha conciencia que se pueda tener, nunca será suficiente para acabar con estos problemas. Espero equivocarme.

¿Hacia donde te gustaría enfocar tu futuro profesional?
—Me gustaría seguir haciendo campañas de este tipo y trabajar algún día en revistas especializadas, o en publicaciones que se dedicaran a esto. La fotografía es una buena herramienta para luchar por lo que uno cree. Yo me expreso mejor con las fotos que con las palabras. También me gustaría trabajar para alguna agencia como Reuters.

¿Y qué piensas cuando ves reporteros gráficos secuestrados en países en conflicto como en Somalia?
—El miedo está ahí, pero son más fuertes las ganas que tengo de ir a esos sitios y retratar lo que pasa que el miedo que pueda sentir.

¿Alguna preferencia por algún conflicto que te gustaría contar?
—Cualquiera. Israel, Palestina, Afganistán son destinos que me atraen. Cubrir ciertas desigualdades es muy importante para mí, porque me da la oportunidad de contar ciertas cosas, fundamentales para este mundo. Hay que denunciar el sufrimiento, y hacerlo también es terapéutico para mí.

(Fotos: Àlex Oltra)



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