Alcoholismo: vicio o enfermedad
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Safor Guia_
06/11/2008
Ante alguien que frecuentemente está alcoholizado, la mayoría de las personas experimentan una sensación que por momentos es de lástima y por momentos es de total rechazo. Se le juzga despectivamente con calificativos de irresponsable, mal marido, mal padre, como alguien que está perdido y ha estropeado su vida y la de su familia, etc. Socialmente constituye un peligro ya que no es raro escuchar en las noticias accidentes de tráfico donde la persona que conducía dio positivo en el test de alcoholemia.
Pues diremos que la dependencia al alcohol es una enfermedad producida por una droga que es totalmente legal y que se vende en cualquier comercio, el alcohol.
El alcoholismo se considera una enfermedad psiquiátrica en sí misma y, en esta línea, la Asociación Americana de Psiquiatría y la Organización Mundial de la Salud la han incluido en sus clasificaciones diagnósticas. Dicha droga tiene múltiples efectos en el comportamiento. Puede provocar euforia o sedación, así como efectos placenteros o muy desagradables. En la respuesta al consumo de alcohol intervienen factores como la dosis, el consumo continuado o por períodos, los estímulos ambientales, la esperanza de conseguir algo, la personalidad del individuo y su predisposición genética.
En el Sistema Nervioso Central, el alcohol afecta a múltiples neurotransmisores y a sus receptores. Se ha considerado que algunos de estos sistemas son responsables de la dependencia del alcohol. Pero a pesar de los importantes avances en este sentido, la génesis de la adicción o dependencia de las drogas y del alcohol está aún por determinarse.
El alcoholismo es una enfermedad que cuesta determinar por las características psicológicas y el tiempo que tarda en desarrollarse. Puede tardar años y el paciente así como su familia no se darán cuenta hasta que aparezca alguna alteración en el comportamiento o en el organismo del paciente.
El trastorno por dependencia del alcohol se identifica por la presencia de un mínimo de tres síntomas, durante un período de un año, a elegir entre los siguientes:
a) Tolerancia aumentada.
b) Abstinencia y consumo de alcohol o tranquilizantes, para aliviar los síntomas desagradables de dicha abstinencia.
c) Mayor consumo de alcohol, en cantidad y en frecuencia, del inicialmente propuesto.
d) Esfuerzos infructuosos para controlar el consumo o dejar de beber.
e) Mucho tiempo dedicado al consumo o a la recuperación posterior al consumo.
f) Reducción de actividades sociales, laborales o recreativas debido al consumo de alcohol.
g) Persistencia del consumo a pesar de ser consciente de los problemas causados o exacerbados por la ingesta de alcohol.
La CIE-10 destaca, además, el deseo intenso o compulsión a beber y la disminución de la capacidad para controlar el consumo.
Tipos de tratamiento
Un enfermo alcohólico pasa por varias etapas antes de decidir abandonar su adicción. Prochaska y Diclemente describieron estas etapas a partir de la observación de personas que habían abandonado el hábito de fumar:
• La fase precontemplativa se caracteriza por la ausencia de intención de cambio en un futuro próximo. Los pacientes en esta etapa pueden ponerse en tratamiento bajo presión pero en el momento en que ésta desaparece vuelven rápidamente a las conductas anteriores.
• La fase contemplativa está caracterizada por la ambivalencia, es por ello que en esta etapa es importante sopesar los pros y los contras del problema y la posible solución. Cuando el paciente planea alguna estrategia para abandonar o disminuir el consumo, está preparado para la acción.
• La fase de acción es la fase en la que cada individuo modifica su comportamiento, experiencias o entorno con el fin de superar sus problemas. Esta etapa requiere un considerable compromiso de tiempo y energía.
• Después de pasar por estas diferentes fases, si el paciente estabiliza el cambio de comportamiento y está dispuesto a evitar la recaída se encuentra en fase de mantenimiento.
El tratamiento del alcoholismo, como el de otras drogodependencias, tiene como mínimo dos fases claramente diferenciadas: la desintoxicación y la deshabituación.
La desintoxicación puede presentarse como una urgencia médica o como un procedimiento programado y consensuado entre médico y paciente.
La desintoxicación es una emergencia en los siguientes casos:
a) cuando se objetiva la presencia de algún síntoma o signo de abstinencia,
b) cuando existe alguna condición médica grave,
c) en el caso de patología psiquiátrica o depresión, cuando el riesgo de suicidio está incrementado,
d) cuando existen trastornos familiares o sociales importantes (maltratos, violencia, etc.).
El proceso de desintoxicación puede ser con fármacos o sin ellos dependiendo de los antecedentes y situación orgánica del paciente, de la gravedad del cuadro de abstinencia y del contexto (hospitalario o ambulatorio) donde se realice la desintoxicación.
No es necesaria la administración de fármacos en pacientes que beben de forma intermitente, que nunca hayan presentado síndrome de abstinencia y en pacientes que no hayan ingerido alcohol en las últimas 72 horas y no presentan ningún signo o síntoma de abstinencia.
Parte del éxito de ambos procesos dependerá de la buena planificación del tratamiento y del abordaje multidisciplinario del paciente alcohólico.
El proceso de desintoxicación suele durar de 1 a 2 semanas, mientras que la deshabituación completa comprende un período de 5 años.
En cuanto a la deshabituación, de lo que se trata es que el paciente pueda vivir sin alcohol.
En los últimos años se conocen mejor los trastornos neuroquímicos subyacentes a los procesos de adicción y a las anomalías psiquiátricas (depresión, ansiedad, deterioro neurocognitivo, etc.) que frecuentemente se asocian al alcoholismo.Además del tratamiento con fármacos antidipsotrópicos que interfieren el metabolismo del alcohol, se recomiendan otros programas de tratamiento que incluyan un abordaje del paciente en lo psicológico, en lo social y de ser posible el apoyo de algún familiar.
Es importante transmitir al paciente que el éxito no depende tan sólo de la abstinencia de bebidas alcohólicas, sino también de la capacidad de afrontar las recaídas que, por otra parte, suelen ser frecuentes en esta enfermedad.
En relación a los grupos de terapia nadie pone en duda su eficacia para el tratamiento de las drogodependencias en general y sobre todo para pacientes alcohólicos en particular:
- Los grupos de terapia para alcohólicos ayudan a disminuir la tendencia a la negación y a la huida, facilitando la aceptación del propio alcoholismo.
- Aumentan la motivación para mantenerse abstinente facilitando el poder afrontar las condiciones emocionales que a menudo acompañan el consumo de alcohol.
- Dan respuesta a la intensa necesidad, que tienen los alcohólicos, de sentirse aceptados por la sociedad.
- Aumentan la capacidad de reconocer, anticipar y encontrar alternativas a situaciones que pueden precipitar una recaída.
- Facilitan la introspección después de verse reflejados en los demás. Las vivencias de sentimientos y reacciones de los demás ayudan a aceptar más fácilmente sentimientos similares en ellos mismos.
Al abordar el tratamiento de la enfermedad alcohólica es importante recordar que si nos limitamos a desintoxicar al paciente alcohólico, estaremos realizando un tratamiento tan sólo parcial, y por lo tanto insuficiente, de esta grave enfermedad.
Horacio Cervieri Beltrán
Licenciado en Psicología
Nº Col. CV09714
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