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La fibromialgia

La enfermedad invisible, como así le llaman, afecta principalmente a las mujeres de mediana edad. Los dolores crónicos de esta enfermedad de difícil diagnóstico, sin ningún tipo de tratamiento específico, por el momento, es su característica.

Safor Guia_21/05/2008

¿Qué es la fibromialgia?
Una enfermedad reumática crónica que ocasiona a quien la padece dolor músculo-esquelético generalizado —de intensidad variable, localizado en diversas partes del cuerpo, principalmente la columna— y cansancio persistente. Por ello afecta a la calidad de vida.

Síntomas
La fibromialgia se puede presentar sola o asociada a otras enfermedades sistemáticas, como el lupus eritematoso sistémico, la artritis reumatoide o neoplasias. Es un síndrome, es decir, un conjunto de síntomas. Sus efectos se sienten principalmente en músculos, tendones y ligamentos de todo el cuerpo, sin inflamación y sin afectar directamente a las articulaciones.

El síntoma más importante es el dolor difuso, «de la cabeza a los pies», de naturaleza impredecible, que puede sentirse como una sensación de quemazón o ardor, punzadas insoportables o desazón, etc. En algunos momentos puede sentirse un malestar leve localizado, que puede pasar de un lugar a otro, y aumentar de intensidad, pudiendo llegar a ser insoportable, siendo más agudo en las partes del cuerpo que más se utilizan y que dificulta las tareas cotidianas.

Otros síntomas, además del dolor y la fatiga, son:
- Sueño no reparador.
- Rigidez al levantarse.
- Dolor de cabeza.
- Estado depresivo.
- Problemas digestivos,
problemas genito-urinarios, etc.

¿A quién afecta?

Sobre todo a las mujeres de edad media y, en menor proporción, a los hombres, aunque puede manifestarse a cualquier edad, incluso en niños y adolescentes.

Diagnóstico
Las pruebas de laboratorio y las radiografías son normales. Sirven para descartar otras enfermedades con síntomas parecidos. El diagnóstico es clínico y se basa en dos síntomas principales:
1.- Dolor crónico difuso, de más de tres meses de duración.
2.- Dolor a la presión, de al menos 11 de los 18 «puntos de gatillo» de localización específica según ACR (American College of Rheumatology).

Tratamiento
Suelen prescribirse analgésicos, antidepresivos e hipnóticos para atenuar el dolor y mejorar el sueño.
Son recomendables el ejercicio físico aeróbico suave, el yoga y el taichi. El calor local, los masajes, las infiltraciones locales y la balneoterapia, también pueden ser eficaces.

Cómo vivir con la fibromialgia

Hay que saber adaptarse a las nuevas formas de vida, modificando los periodos de reposo y actividad.

Consejos que la persona con fibromialgia debe conocer

- La fibromialgia es una enfermedad crónica, pero no provoca por sí sola deformidades, ni amenaza la vida.
- No es una enfermedad mental, aunque el factor psicológico influye mucho.
- Es importante mantener una buena función muscular con ejercicio y actividades diversas.
- Evitar situaciones de estrés.
- Son importantes el reposo y las técnicas de relajación y recreo.
- Son útiles las terapias de grupo.
- Hay que mejorar la calidad del sueño.
- Se deben corregir las alteraciones posturales.
- Evitar la sobreactividad y esfuerzos inútiles.
- Combatir la obesidad y el sedentarismo.
- Mantenerse física y socialmente activos.
- Adoptar estrategias para controlar los síntomas y disminuir la medicación.
- Ensayar técnicas para el control mental y espiritual del dolor.
- Solicitar apoyo de las asociaciones creadas para tal fin.


Vivir con fibromialgia
X. Pla

¿Es una pesadilla? Suena el despertador. Es hora de levantarme. ¿Qué me pasa? Tengo un dolor interno que es verdaderamente agotador, no puedo mover las piernas, ni levantar los brazos. ¿Ayer caí por las escaleras? Me duele todo el cuerpo. No, ahora recuerdo, tengo fibromialgia. No tengo fuerza para levantarme, pero he de hacerlo, mis hijos llegarán tarde al colegio y yo tendré que salir más tarde del trabajo para recuperar el retraso. ¡Por fin, lo he conseguido! He podido llegar al baño. Lo que antes me costaba 15 minutos, ducharme, pintarme y vestirme, ahora se alarga un poco más de 45 minutos.

He llegado al trabajo, no puedo concentrarme, el dolor me nubla la mente. Me decido por hacer algo más simple, algo que no requiera concentración, a los 5 minutos de estar trabajando con el ordenador, el brazo derecho me quema, ya lo tengo todo hinchado, pero sigo, no quiero hacer caso, eso no va a poder conmigo y continúo hasta que me doy cuenta de que ya no es el brazo, es el cuello, la cadera y la pierna; tengo toda la parte derecha acartonada, dormida, los dedos de las manos me pinchan, la fatiga invade mi cuerpo, la respiración se ha vuelto lenta y profunda. Ahora, ya sé andar despacio, estoy tan cansada que me duermo, tengo mucho sueño. Estoy contenta, hoy he ido a trabajar y me alegro porque he salido de casa.

Estoy en casa. Voy a vaciar el lavaplatos, pero lo tengo que dejar por el dolor en los brazos, los hombros y la cadera; estoy agotada y todavía no he vaciado ni la cuarta parte. Descanso y veo que hay polvo en el salón. ¡Eso sí que podré hacerlo! Me equivoco, me pesan tanto los brazos que no aguanto, me tiemblan las piernas; ya empiezo, aquí comienzan las visitas al baño.

El mundo me cae encima, soy consciente y doy gracias por no tener nada grave pero hay momentos en los que me hundo. El agotamiento y el dolor no me dejan hacer cosas tan simples como una cama, barrer, pasear o simplemente sonreír; eso hace que me harte de llorar, que pierda las ganas de hablar, de salir, de conversar...

Cuando logro sobreponerme y decido que no, que no va a poder más que yo, es entonces cuando decido salir y ver la luz, respirar hondo y sentir el aire, entonces pienso «hoy seguro que es mejor que ayer». Es entonces cuando la gente, sin querer, mete el dedo en la llaga, es la incomprensión.

Llega un momento en el que ya no importa lo que piensen los demás. Yo tampoco lo entendería, si no fuese porque lo estoy sufriendo. Porque sé la capacidad de trabajo que he llegado a tener, la energía que he gastado física y mentalmente; la actividad y el dinamismo que ahora me faltan. Quiero seguir viviendo, disfrutando de la luz, el sol, la lluvia y, sobre todo, de la gente, de mi gente. Seguramente mañana no recordaré lo que he pasado hoy, será un mal sueño, porque yo continuaré luchando para que así sea.


Asociación de Fibromialgia y Fatiga Crónica de la Safor (AFISA)
C/ Beatriz Centelles, 4
(Oficinas Mufy Park) · Oliva
Tel. 96 285 07 90 - 695 354 431

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Comentarios
clara silva 08/09/2008 23:36:49

me parece muy acertado el articulo ,estoy de acuerdo con algunos sintomas , pero ami me pasa algo parecido en el antebrazo derecho ,estoy con medicamentos ,pero la molestia persiste y ya se me termina la licencia tendre q volver al trabajo

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