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lunes, 06 de septiembre de 2010

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¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es un sofisticado sistema de supervivencia, un mecanismo destinado a hacer que los individuos de una especie sobrevivan a los peligros que el mundo les depara.

safor guia_10/06/2010

Este sistema defensivo se encuentra hasta en los organismos más primitivos, y, a medida que avanzamos en el orden natural de las especies, su complejidad y eficacia va en aumento. Es decir, podemos decir que la ansiedad es un mecanismo heredado filogenéticamente por nuestros antepasados, y que, gracias a ésta, sobrevivieron a toda clase de peligros y depredadores.
La ansiedad nos prepara para afrontar situaciones peligrosas con las dos formas básicas de reacción que tiene nuestro organismo: lucha o huida. Es decir, que nuestros antepasados, cuando se encontraban en situaciones de supervivencia, y donde peligraba su vida, tenían que decidir entre salir corriendo (huir) o luchar. Para hacer estas conductas con eficacia era necesaria la ansiedad, y en este sentido, era su mejor aliada. Así podemos decir que es un proceso natural del organismo, que nos prepara para la lucha o huída en situaciones de supervivencia.
La ansiedad no es mala, es un proceso natural, y sobre todo, es inevitable. Por ejemplo, nos ponemos ansiosos ante una situación difícil de manejar, o novedosa, con lo que, en nuestro organismo, se desencadenan todas las reacciones destinadas a cumplir una misión concreta. Así, el corazón se acelera para enviar más sangre a los músculos, la respiración se hace más rápida para aportar una mayor cantidad de oxígeno para la actividad física, etc. El problema viene si todo este sistema se dispara cuando la persona percibe un peligro real donde no lo hay. Su organismo realiza una descarga hormonal enorme para afrontar un peligro, para salir corriendo o luchar, y todo este sobreesfuerzo resulta inútil o inservible. El resultado es un terrible cansancio por toda la energía desplegada, que no ha sido utilizada, y que se ha acumulado, dejando como resultado sensaciones de malestar, dolores musculares y una acumulación de oxígeno en el cerebro que puede provocar mareos y otras sensaciones muy desagradables.
Imaginemos una mujer que, por su trabajo, a menudo tiene que dirigir reuniones y hablar en público. Para esta persona es un suplicio cada vez que se presenta la necesidad de realizar una reunión. Está varios días sin poder dormir, nota sensaciones en el estómago, sudor, taquicardia, a veces le cuesta respirar, etc. En su mente tiene la seguridad de que se le notará que está nerviosa, que está sudando, o se equivocará y hará el ridículo delante de todos. Esto no ocurre nunca, pero ella tiene este temor. Su solución es tomar un ansiolítico antes de afrontar la reunión, o en muchos casos aplazarla.
Esta persona tiene un problema de ansiedad asociado al temor de hablar en público. Tener ansiedad es muy diferente a tener un trastorno de ansiedad, en los trastornos, el programa de ansiedad se pone en marcha en situaciones que, en principio no implican peligro, o que el riesgo es realmente escaso. Lo patológico de un trastorno de ansiedad no es en sí la propia reacción de ansiedad, sino que ésta se dispara innecesariamente. Es como una “falsa alarma”.

TIPOS DE TRASTORNOS DE ANSIEDAD
Existen varios tipos, la fobia, el trastorno de pánico, agorafobia, hipocondría (o ansiedad por la salud), el trastorno de estrés postraumático, la ansiedad generalizada (o preocupación excesiva), el trastorno obsesivo compulsivo y la fobia social. En este artículo iremos viendo ejemplos de cada uno de ellos, para distinguirlos, pero lo cierto es que todos ellos tienen unas características comunes.
La fobia específica es un miedo irracional y desproporcionado a situaciones, objetos o animales muy concretos. Los más frecuentes son miedo a volar en avión, miedo a espacios cerrados o miedo a animales (por ejemplo, insectos). También es frecuente encontrar miedo a las tormentas, a la sangre, heridas o a conducir automóviles. En niños, las fobias más comunes son: la oscuridad, el ir al colegio, alejarse de sus padres, y la fobia a ciertos animales.
En el caso de la hipocondría, la persona que lo padece cree firmemente tener una enfermedad grave que puede acabar con su vida. Estas personas suelen acudir frecuentemente a distintos especialistas médicos. Las enfermedades que más temen son cáncer y sida.
Una obsesión es un pensamiento intrusivo e involuntario que produce un alto nivel de ansiedad. Estamos ante un trastorno obsesivo-compulsivo, donde la persona se ve obligada a hacer -o pensar- determinadas cosas para, a modo de ritual, impedir que ocurran desgracias. Las obsesiones más frecuentes tiene que ver con contaminarse, que ocurra una desgracia en casa (incendio, o un robo), con la religión, con el sexo o con la violencia. Los rituales conectados a las obsesiones suelen ser limpiar o lavarse exageradamente, comprobar múltiples veces el estado de las cosas, santiguarse o rezar, repetirse frases mágicas” ...
En la ansiedad generalizada, la persona no puede dejar de preocuparse sobre la posibilidad de que sucedan desgracias en una o más áreas de su vida. Los contenidos más frecuentes de la preocupación son que los seres queridos sean víctimas de una enfermedad o accidente, tener problemas económicos, tener dificultades en el trabajo, o preocupación por estar constantemente preocupado.
En el trastorno de estrés postraumático, una persona pude sufrirlo después de haber sido víctima de una experiencia traumática. (puede ser un accidente, secuestro, catástrofe natural, violación...). Lo característico de este trastorno es la aparición de imágenes y pesadillas relacionadas con el trauma.
En el caso de la fobia social, la persona tiene un miedo irracional y desproporcionado a un cierto número de situaciones de interacción social, como reuniones, fiestas, hablar en público, pedir información, relacionarse con figuras de autoridad, comer o beber en público conocer gente nueva, escribir mientras se está siendo observado, ir de compras, hablar por teléfono...etc. La persona está convencida de que actuará de manera inadecuada o ridícula. La persona tiende a protegerse realizando maniobras defensivas destinadas a que los demás no se den cuenta de lo que está sucediendo. Pero esto no hace sino agravar más el problema.
El trastorno de pánico y agorafobia lo tratamos en el siguiente punto, un poco más ampliamente.

TRASTORNO DE PÁNICO-AGORAFOBIA
Un ataque de pánico es una súbita aparición de una gran cantidad de ansiedad. Se teme que ocurran desgracias muy dramáticas y personales, como morir, tener un ataque al corazón, volverse loco, perder el control, ahogarse, desmayarse...etc
Simultáneamente a estos pensamientos, el sujeto nota sensaciones fisiológicas tan desagradables como taquicardia, dolor, pinchazos o tensión en el pecho, sensación de ahogo y cambios en el ritmo respiratorio, mareos, visión borrosa y sensación de irrealidad, calor, sudor, tensión muscular, temblores, calambres, flojedad, nudo en el estómago, náuseas. En esas condiciones la persona quiere librarse del malestar y su reacción será buscar ayuda y seguridad, ir a urgencias, hablar con médicos, amigos, tomar fármacos, distraerse, volver a un sitio seguro, o cualquier otra conducta que corte o reduzca la crisis.
Tener un ataque de pánico es una experiencia normal para la mayor parte de la población. Los estudios nos demuestran que aproximadamente el 20% de la población general ha sufrido al menos un ataque de pánico al menos una vez en su vida, por lo tanto, tener un ataque de pánico aislado no es un trastorno psicológico, sin embargo si a partir de esa primera experiencia los ataques de pánico se repiten con cierta frecuencia y/o hay un miedo claro y persistente a tenerlos, entonces podemos hablar de trastorno de pánico y ya nos hallamos ante un problema psicológico.
Una gran proporción de las personas que sufren este trastorno y debido al intenso miedo a sufrir una nueva crisis, evita situaciones en donde pueda ser difícil o socialmente embarazoso o escapar. En estos casos, hablamos también de agorafobia. Estas personas evitan sistemáticamente afrontar estas situaciones, y en caso de hacerlo tienden a escapar volviendo a un sitio seguro, como resultado de ello su vida puede quedar fuertemente restringida o limitada. Algunas de las situaciones más temidas son: hacer colas, meterse en lugares concurridos, alejarse de casa, conducir y usar transportes públicos.
Aunque la mayoría de los casos lo habitual es encontrar una combinación de trastorno de pánico con evitación agorafóbica, también es posible encontrar personas que están sufriendo un pequeño trastorno de pánico (sin evitación agorafóbica) o por el contrario personas con un genuino trastorno de agorafobia (sin ataques de pánico).

ELEMENTOS DE LA RESPUESTADE ANSIEDAD
Todos los trastornos anteriores tienen en común unos elementos, ya que la ansiedad (ya sea adaptativa o trastorno) es una conducta combinada de reacciones en tres niveles distintos:
1.- Nivel cognitivo: Es todo aquello que pensamos, lo que nos decimos a nosotros mismos, las interpretaciones catastróficas, o creer que algo terrible va a sucederme, etc
2.- Nivel fisiológico o emocional: nos referimos a las sensaciones, la parte física: temblores, sudoración excesiva, tensión muscular, etc
3.- Nivel motor o conductual: nos referimos a la conducta que realiza el sujeto para sentirse mejor, es algo que elige el sujeto, voluntariamente, a diferencia de los otros dos niveles, que son involuntarios. Es decir, la persona huye de las sensaciones desagradables que le proporciona la ansiedad, y trata de ponerse a salvo. Por ejemplo, una persona que siente un ataque de pánico, va a la sala de urgencias del hospital más cercano, temiendo por su vida, para que no le suceda nada malo. De esta manera “escapa” de sus sensaciones de ansiedad, tan desagradables para ella.


CÓMO TRATAR LOS TRASTORNO DE ANSIEDAD
Los tratamientos científicamente comprobados que funcionan están dentro de lo que se llama “terapia cognitivo-conductual”. Esta técnica interviene en los niveles de la respuesta de ansiedad, después de realizar una evaluación con el cliente, y haber determinado el análisis funcional de su problema.
Tras el diagnóstico, el tratamiento va encaminado a que la persona sea capaz de afrontar su temor, primero siendo consciente de cómo se ha instalado el problema de ansiedad en su cerebro, y posteriormente, dotando de los recursos para que poco a poco pueda afrontarlo y superarlo.
Durante todo el tratamiento el cliente es un sujeto activo, es decir, que trabaja para solucionar su problema, y es por esta razón que no lo llamamos paciente, sino cliente, porque se presupone su parte activa en el tratamiento.
Se usa la terapia cognitiva (A. Beck), la exposición in vivo, y en ocasiones la respiración y relajación muscular.

¿QUÉ ES LA EXPOSICIÓN?
La exposición es una técnica donde la persona se enfrenta a sus temores, de una manera gradual y supervisada, es decir, siguiendo un criterio fundamentado, y siempre de manera escalonada y progresiva.
La exposición es una técnica conductual de probada eficacia en el tratamiento de la ansiedad, si se lleva a cabo correctamente. Consiste en dividir en pequeños pasos el temor a afrontar, y en ir abordando cada uno de los ítems (pequeños escalones) con éxito, antes de pasar al siguiente.
Por ejemplo, si una persona tiene fobia a los perros, se realiza una escala donde la persona va a tener aproximaciones sucesivas, hasta llegar a poder acercarse al objeto que teme. Todo esto controlado por el terapeuta, y sin riesgo de que un ítem demasiado difícil pueda suponer un paso atrás en la terapia.

CONCLUSIONES
Los problemas de ansiedad, que en nuestra época son tan frecuentes, y que afectan a más del 20% de la población, es un trastorno que no tiene fácil curación. La persona trata, en un primer momento, de solucionar el problema por sí mismo/a, o acudiendo al médico, que en la mayoría de los casos receta ansiolíticos, con lo que el sujeto aprende a escapar de las sensaciones, y a temerlas todavía más, aprende a no afrontarlas, sino a recurrir a la pastilla como tabla de salvación.
No estamos posicionándonos en contra de los fármacos, siempre y cuando sean necesarios, pero lo que está científicamente comprobado es que los fármacos por sí solos no solucionan los problemas de ansiedad, sino que los “tapan”, de manera que el problema perdura. Como hemos dicho, en estos casos, las técnicas que mejor funcionan son la terapia cognitivo-.conductual, aunque lo cierto es que un fármaco que ha sido prescrito por un médico no puede -ni debe- retirarse sin su consentimiento, además de que debe ser administrado en la dosis y durante el período de tiempo reseñado por el profesional (psiquiatra). Recordemos que un psicólogo no puede recetar medicamentos, y que esto sólo es competencia de los médicos.

Psicología Clínica, Rosa Malonda
C/ Rótova, 28 - 3º - pta, 7. Gandia.
Tel. 615 466 920


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