Villalonga
El Circ de la Safor, el racó del Duc o el río Serpis son algunos de los embriagadores parajes de Villalonga. Junto a ellos, una preciosa población cuya gastronomía, sus costumbres y amabilidad te prendarán para siempre.
Safor Guia_
07/03/2008
Situada a tiro de piedra de la capital, Villalonga es la población de interior por excelencia de la c0marca de la Safor. Un entorno incomparable, amables anfitriones y preciosos monumentos harán las delicias de sus visitantes.
Paseo urbano
La remota historia de Villalonga nos habla de asentamientos en el Neolítico, concretamente, en las cuevas del Pastor y del Racó del Duc. Además, se han encontrado vestigios de la época romana y musulmana, de la que da testimonio el Castell dels Moros, que todavía se puede contemplar en lo alto de la sierra de Les Fontanelles y que protegía las antiguas alquerías que formaban la población.
En Villalonga encontramos, además, un buen número de monumentos que no hay que perderse. Por ejemplo, la ermita de Sant Antoni i Santa Bàrbara, y las de Sant Josep y Sant Vicent; la iglesia neoclásica dels Sants Reis (xix), ubicada en la plaza la Senyoria; y en la plaza de la Font, la característica fuente de los 16 caños y la capilla de la Mare de Déu de la Font, un monumento religioso del siglo xviii.
Paseo natural
Pero si por algo se caracteriza la población de Villalonga es por su espectacular relación con el medio natural, con entornos y paisajes de inolvidable belleza. No hay que olvidar que está marcada por dos de los accidentes geográficos más importantes de la comarca: El Circ de la Safor y el río Serpis. En el primero, se encuentra el pico más alto de la comarca, a la cual le da nombre —la cima de la Safor—, y desde la que se obtiene una instantánea única de todo el valle. Por su parte, también el Serpis tiene un gran protagonismo en parajes como el Racó del Duc, un bello enclave, con una riquísima fauna y flora. L’Almirant, la Reprimala o el Barranc de l’Infern son otros entrañables rincones para conocer. Si vas a visitar Villalonga, una buena idea es hacerlo durante sus fiestas; como la de Sant Antoni del Porquet, en enero, con la recuperada tradición del arrossegament de les llaunes; la Pascua, con la peculiar penjà del pollastre, o las fiestas patronales, en octubre.