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Desde el paraíso

Opinió, per Joan Banyuls.

Joan Banyuls 18/07/2012

Me levanto y una bocada de aire fresco y puro entra por la ventana. La naturaleza, en su maxima expresion aquí, me envía a través del viento un mensaje: algo no hacemos bien en nuestra casa. Llevo dos semanas en Rumanía y he recorrido la mayor parte del país en compañía de un amigo, con el cual he visitado las zonas mas bellas de Transilvania, Moldavia y Bucovina, gozando de la belleza de sus bosques, lagos y montanas, y de la majestuosidad de las fortalezas y ciudadelas que los habitantes de esta zona levantaron para proteger a Europa de la invasión del ejército turco. Los monasterios, perdidos en la tranquilidad de una naturaleza que todavía no ha sido ensuciada por la mano del hombre a través del turismo salvaje, nos invitan a sentarnos para reflexionar en medio de una paz y una armonía incomparables. "El bosque nos asegura oxígeno y agua: cuidadlo", así rezan algunos carteles.

Y lo cierto es que los cuidan. Ha sido una experiencia de lo más gratificante y purificadora para mi mente y mi cuerpo. Pero el ordenador e internet me devuelven a la realidad de mi tierra. Me conecto y me entero de todo lo que se ha perpetrado en España desde mi huida a los bosques, y mi indignación sube por momentos. Leo como en Gandia un alcalde sin dos dedos de frente ha cumplido su amenaza y ha manchado el suelo de mi ciudad con la sangre y el sufrimiento de unos animales, para que se diviertan otros animales, mientras el gobierno de su propio partido, el PP, nos machaca el ánimo con unas medidas contra la crisis entre los vítores y aplausos de los mismos diputados de la derechona, hechas con todo el cariño para que nos jodamos, según palabras de la hija de Carlos Fabra.

A todo esto se une el desastre ecológico de los incendios forestales que se han producido en toda Valencia, el último en la Serra Mariola, y cuya responsabilidad la tiene el gobierno pepero de la Generalitat, cuyas tropelías financieras nos han llevado a no gastar en la prevención de incendios, lo que ahora estamos pagando. Me he detenido un momento para mirar a través de la ventana de mi habitación y he observado de nuevo las montañas cubiertas de árboles hasta la cima. No dejo de pensar cómo nosotros nos creemos superiores respecto a otros países, de los cuales tenemos mucho que aprender. Tal vez sería bueno pasarse por aquí una temporada y replantearse las cosas en otros aspectos. Tal vez cargados de oxígeno y con la mente despejada podríamos tener el ánimo suficiente para mandar al ostracismo a algunos dirigentes y a cierto alcalde, que se pasea por la plaza de toros como su fuera una vedette. Quizá así logremos salvar Gandia y su entorno natural de las agresiones de los empresarios tiburones que amenazan con comernos todo lo que nos queda. Que así sea.

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