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¿Por qué somos agresivos al volante?

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S.G. 05/03/2015

 

La agresividad, aplicada a la conducción, la podemos definir como cualquier forma de comportamiento que intenta provocar o causar daño de cualquier tipo a otras personas que comparten la vía pública por donde discurre el tráfico. Por tanto, el perfil del conductor agresivo encajaría con la persona impulsiva e impaciente que a los mandos de su vehículo, realiza acciones contrarias a las buenas prácticas de comportamiento en sociedad, con actitud negativa a la conducción y que afecta directamente al resto de usuarios.
Frenar repentinamente el vehículo para provocar que el de atrás frene bruscamente, gritar al conductor del vehículo que tarda en realizar un estacionamiento, incorporarse bruscamente en el carril provocando el frenado del vehículo que circula por la vía principal, aproximar el vehículo a la parte trasera del que nos precede, etc..., son comportamientos agresivos en la conducción que pueden ser la antesala de un incidente no deseado pero sí, muchas veces, provocado por nosotros mismos.

El vehículo como trinchera y defensa ante el peligro
La conducción abarca una parcela de nuestra vida diaria por los frecuentes desplazamientos que tenemos que hacer para ir y volver del trabajo o dentro del trabajo para cumplir con nuestras obligaciones. Pasamos demasiado tiempo viendo el cristal delantero de nuestro vehículo y puede causarnos cansancio y fatiga. Si a esto le añadimos las situaciones personales y las estresantes de la red vial como, por ejemplo, el ruido ambiental, las múltiples presiones a que se ven sometidos los conductores por la complejidad de nuestra movilidad quizás entendamos las causas del comportamiento o reacción violenta de algunos conductores.
Los psicólogos lo llaman desindividualización, es decir, cuando la multitud cambia las normas de comportamiento y también lo que sucede cuando las normas sociales se retiran porque las identidades se ocultan como, por ejemplo, el típico vehículo con los cristales tintados en donde su conductor no se da a conocer y donde su fechoría podría estar, incluso, motivada por la creencia de protección que nos proporciona el vehículo.

Cómo evitar la violencia al volante
Es muy difícil reconocer nuestro propio comportamiento irracional e irresponsable al volante, porque vivimos en un mundo donde lo fácil es reducirlo todo a la culpa. De esta manera, no es culpa nuestra que gritemos como locos a ese conductor que no ha respetado el ceda el paso. El caso es que no se trata de culpabilizar a los demás, se trata de simplemente de convivencia. 
Dado el riesgo que supone esa agresividad al volante, que muchas veces termina con dos conductores enzarzados en una pelea o con un accidente de tráfico, debemos evitar en lo posible tener ese comportamiento agresivo. Pero para ello es fundamental aprender a controlar nuestras propias emociones y a no sentirnos superiores a los demás. De la misma forma que otros cometen errores en la carretera, nosotros también lo hacemos.
Tampoco es buena idea responder a las provocaciones de los demás conductores, por muy mal que te siente su comportamiento. Ten en cuenta, que la seguridad del resto de los conductores también depende de tu responsabilidad. Y si quieres un consejo que no puede fallar, visualízate gritando como un energúmeno y haciendo aspavientos y, esta vez, deja aflorar tu sentido del ridículo. Al fin y al cabo, ¿qué consigues con esa agresividad?

DIÉSEL INJECCIÓ, S.L.
Avda. de Ponent, 10. Pol. Ind. Sector II. Palma de Gandia. Tel. 962 808 663 http://www.totinjeccio.com

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