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Vicent Ribes, alcalde de Almoines «Las tradiciones ayudan a que los nuevos vecinos se sientan parte del pueblo»
Almoines ha retomado con fuerza este año las celebraciones en honor a Sant Antoni. Esta festividad extendida por toda la Safor tiene en Almoines un sabor especial, el de las costumbres recuperadas por y para el pueblo. Durante este fin de semana, los vecinos han podido disfrutar de tradiciones, como la particular pugna entre quintos para subir a la biga del pollastre, pero también de novedades, como la organización de un porrat al estilo de otras poblaciones. El alcalde Vicent Ribes explica en esta entrevista su intención de "animar a los vecinos a salir a la calle y favorecer la integración de los nuevos residentes", a través de la potenciación de las fiestas populares.
Maria Casinos_ 24/01/2008
¿Cómo surgió la idea de celebrar un Porrat en honor a Sant Antoni, como se hace en muchos pueblos de la Safor? —Lo cierto es que, aunque algunos puedan pensarlo, la celebración de la festividad de Sant Antoni no es algo nuevo en Almoines. Hace muchos años que los vecinos organizaban actos en honor al santo. Concretamente, la fiesta nació en la conocida ahora como carrer dels arbres, la calle que va hacia Beniarjó por donde pasa la Séquia Mare. Los residentes de esta calle se encargaban de organizar la fiesta.
¿En qué consistía la fiesta? —Durante el año, los vecinos criaban un cerdo y el día de Sant Antoni lo soltaban por las calles. La gente le daba de comer y luego se vendía para sacar dinero y poder así organizar la fiesta del año siguiente. Además, se celebraban las tradicionales carreras de caballos, Les Joies, así como juegos infantiles. Durante la víspera, se quemaba la hoguera y se preparaba una gran bunyolà para todo el pueblo. También se repartía el pa benet y la mistela. El mismo día de la fiesta tenían lugar los actos religiosos. Los animales salían en pasacalle por el municipio y luego se les bendecía en la Plaça de l'Església.
¿Cómo nació esta tradición? —Siempre la impulsó una vecina, conocida por todo el pueblo, Pepica "La Minyona". Ella era la que se encargaba, con toda la ilusión, de sacar a los niños a la calle, organizar los juegos y preparar con ellos los tradicionales perolets que luego los niños tenían que romper con los ojos vendados.
Y a pesar del paso del tiempo, ¿ha logrado mantenerse? —Poco a poco, después de morir Pepica, la fiesta dejó de celebrarse. Pero los hijos se esforzaron por recuperar la tradición. Así, el Ayuntamiento de Almoines colabora con la familia Malonda Gregori en la organización de la fiesta. A ellos les gusta decir que la fiesta sigue viva gracias al espíritu de su madre.
¿Qué diferencia la fiesta de Sant Antoni de Almoines de la de otras poblaciones de la Safor? —La biga del pollastre es un acto que sólo se realiza en Almoines. Consiste en enjabonar un palo de madera de unos cuatro o cinco metros de altura y poner en un extremo a un pollo. Hoy en día, el animal se sustituye por otra cosa, para evitarle el sufrimiento. Los quintos de ese año, es decir, los jóvenes que tienen los 18 años cumplidos, tienen que subir hasta lo más alto y el primero que llegue es el vencedor.
¿Se han introducido novedades en la fiesta? —Este año hemos querido impulsar la fiesta y convertirla en el Porrat de Sant Antoni, instalando un mercado artesanal con una docena de puestos. Además, la cremà de la hoguera se ha acompañado de un espectáculo de música y danza, y fuegos artificiales. Para los niños se han organizado juegos tradicionales, como carreras de sacos. Lo que sí se mantiene, como elemento diferenciador, es la tradición de la biga del pollastre.
¿Almoines tiene la intención de estar, algún día, incluido en la Ruta comarcal dels Porrats? —De momento, no nos hemos planteado nada de esto. Primero, queríamos probar a celebrarlo este año para ver cómo respondía la gente. Si vemos que funciona, tal vez nos animemos a solicitar a la Mancomunitat que nos incluya en la Ruta. Pero la principal intención del gobierno de Almoines es hacer pueblo mediante estas fiestas, recuperar la cultura popular para nuestros vecinos.
Es indudable que Almoines está creciendo. ¿Cómo contribuye esta recuperación de las tradiciones a la integración de los nuevos vecinos del pueblo? —Los comentarios que escuchas por la calle es que Almoines es un pueblo agradable para vivir. Gracias a estas pequeñas actividades, la gente se va sintiendo parte del municipio. Creamos espacios donde los vecinos se encuentren y compartan, y no se limiten a ir de casa al trabajo y del trabajo a casa.
¿Almoines seguirá creciendo? —De momento, no tenemos prevista ninguna ampliación del suelo urbanizable, que ya se modificó con la aprobación de las normas subsidiarias en 1999. La única zona que queda por construir es el sector 1, al norte del pueblo, para el que ya tenemos autorización de la Conselleria. También se baraja la posibilidad de darle un uso residencial a parte del suelo que tenemos calificado como urbanizable industrial, pero eso es algo que aún tiene que debatirse en la comisión de Urbanismo.
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