El Año Borja
Opinión
Ciro Palmer_
27/01/2010
Acabamos de entrar en el año del Centenario, en el que se cumplen 500 años del nacimiento del IV Duque de Gandía, nuestro Patrono San Francisco de Borja. Medio milenio es una fecha para recordar, y nuestra Ciudad se apresta a celebrarlo con unos fastos sin precedentes, aunque no debemos olvidar que la situación económica que padecemos no aconseja tirar demasiados cohetes. 2010 va a ser año de celebraciones, pero también debe ser año de austeridades.
En los atardeceres de 1510 (28 de Octubre), nacía en el Palacio Ducal, el que había de ser nuestro Santo Duque, en un parto que había puesto en gravísimo peligro la vida de su madre. Ceñida por el cordón de San Francisco de Asís, preciada reliquia de las Clarisas de Gandia, la duquesa dio felizmente a luz al que habría de ser la luminaria de Gandia.
Su vida tendría que transcurrir al servicio del emperador Carlos I, lo que no impediría dejar su indeleble huella, primero en sus estados, y después en la Compañía de Jesús, de la que sería su tercer General, y en la Iglesia Católica, que lo elevaría a sus altares.
Francisco de Borja, IV Duque de Gandía, que conoció la gloria del mundo, ha quedado para la historia como ejemplo de religiosidad y de humildad.
La persona del Duque Santo trasciende su época y el perfume de su santidad se mezcla con los recuerdos materiales y espirituales que llenan nuestra ciudad: Las murallas, la Universidad, la Colegiata, -donde están enterrados sus antepasados- el Convento de las Clarisas, donde profesaron tantos miembros de su familia que dejaron sus riquezas porque no querían “nada para el camino”.
Patrono de Gandia como lo es también de la Grandeza de España, Francisco de Borja es una figura ejemplar de nuestra Ciudad, como lo es también de la historia universal y de la Iglesia Católica.
La exaltación de su figura es un acto de justicia de los gandienses, pero es también una ocasión para que la ciudad, difunda con toda la trompetería posible, su proyección turística.