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La muerte de las flores...

En memoria de Miquel Martí, Negrín, persona, empresario y amigo, y de los imprescindibles anónimos...

por Joan Martí_24/04/2008

¿Por qué mueren tan jóvenes las personas buenas? Tal vez porque están cansadas de vivir en un mundo tan feo, que dice Manu Chao. 20 de marzo de 2008, 7,15 h, mientras tecleo una demanda y sobrevuelo las noticias de google, me pita un SMS que, por la hora y el día (jueves santo, fallas aún humeantes después de la cremà de anoche), anuncia algo grave. El texto: “...miguel martí ha fallecido...”, lo que esperábamos desde hacía días los amigos conocedores de su enfermedad. En los resúmenes del google, sin embargo, la vida mediática continúa y ensucia los teletipos un criminal ex alcohólico y ágrafo, entrado en años y canas que, convicto y confeso y amo del mundo mundial, celebra la guerra de Irak como “noble y necesaria” tras cinco años de sufrimiento, mutilados y muerte de un millón de militares y civiles iraquíes y 4000 americanos... Entonces, tanto por esos muertos como por Miquel, me viene a la cabeza aquello del Lichis que cantó la María Jiménez: “... y el diario no hablaba de ti..., ni de mi...” El diario nunca habla de las personas anónimas; de las malas ni mucho menos de las buenas. Y Miquel era de los buenos, o de los imprescindibles, que diría Bertolt Brecht. De Miquel no hablarán los diarios, pero sí quienes le conocimos y tuvimos el placer y el privilegio de compartir ratos con él. Un tío excepcional, diferente a lo que uno se encuentra por ahí. Un difícil equilibrio entre inteligencia, bondad, sensibilidad y generosidad comprometida con sus amigos y con la vida. De esos que con la voz, los gestos y la mirada, te mandan esas buenas vibraciones que te alegran el día, siquiera sea por un momento.

En el tanatorio Miquel allí, inmóvil, presente pero ausente, como en otro lugar, seguro de garbeo en Porto, allá por el puente de Doña María, parpadeando el asombro de un contraluz mágico reflejado en el Duero cuando se reúne con el Atlántico, o de paseo por su playa de Bellreguard en un atardecer de abril, o por algún arrabal de Melilla fascinado en la mezcla de civilizaciones. Una sensación de impotencia, de angustia infinita, de náusea que sólo se escupe llorando la amargura que ahoga el pecho y, al día siguiente, centenares de amigos y conocidos, un gentío difícil de recordar en Bellreguard, asistimos a su despedida en la plaza con la Muixeranga rompiendo el silencio denso del dolor punzante de todos -y nunca antes había visto llorar a tanta gente- los que le acompañábamos en el regreso a la terra dels valencians, tal vez a las elevaciones de Benirrama, donde parece que el sol nunca se pone.

¡Cómo ha podido morirse a esa edad y tan lleno de vida? Algo no funciona en esta puta historia que, para los agnósticos, va de simple biología, de tiranía biótica cruel y de impotencia y, para los creyentes, de resignación ante la injusticia que permite que mueran las flores... Parece un sueño, y así es, porque las personas como Miquel no mueren, quedan ancladas en el recuerdo de los que las conocimos y tuvimos el fascinante privilegio de coincidir con ellas en esa fracción millonésima del tiempo global de la especie humana. Imposible saber donde está ahora Miquel, acaso en ninguna parte, acaso en alguna enésima dimensión cuántica del espacio-tiempo que hoy por hoy se nos escapa y de la que ni Punset ni los científicos más eminentes nos dan pistas inteligibles.

Pasan los días y Miquel sigue presente en la memoria emocional de quienes le conocimos y disfrutamos de una persona tan extraordinaria que vivió la amistad como valor supremo de la solidaridad humana plasmada en un momento de xarreta con una buena cerveza en la mano y mil recuerdos y anécdotas o en el consuelo o apoyo cuando lo necesitas.

En su memoria estas líneas, para que en los anales de la historia no queden sólo las vidas de notable, papas, estadistas, paquirrines y chiquilicuatres, y sí las de aquellos tipos fascinantes y humanos que vinieron aquí con el solo compromiso de hacer felices a sus amigos, como las flores nacen para recrear los sentidos..

Adéu, Miquel, amic..

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Comentarios
Roser 28/04/2008 13:11:18

Yo también conocí a Miquel y era encantador, una lástima su muerte tan joven. Tenía el aprecio de todos por lo buena persona que era.

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