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viernes, 03 de septiembre de 2010

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En busca de las musas en Delft

A medio camino entre La Haya y Rotterdam está Delft, una ciudad llena de encanto que en los últimos años comienza a ser más apreciada por los viajeros, convirtiéndose en la hermana pequeña de Amsterdam, con canales igual de hermosos pero con un ritmo mucho más sosegado. Pero pese a su modestia, Delft es un referente cultural por méritos propios: cuenta con una de las más reputadas universidades, elabora la preciada y singular cerámica azul, y presume de ser la cuna del gran pintor Johannes Vermeer.

Safor Guia_04/09/2008


El stadhuis (ayuntamiento) de Delft, en la concurrida Grote Markt
o Plaza del Mercado. / L. E.
Brújula de piedra en la Grote Markt. / L. E.

Posee preciosos paisajes, rincones con el encanto más auténtico de Holanda, monumentos que guardan entre sus muros siglos de historia y canales que la convierten en una versión tranquila de la bulliciosa Amsterdam.

Pero si por algo es conocida la pequeña ciudad de Delft es por ser la cuna de una de las grandes figuras de la pintura holandesa junto a Rembrandt: Johannes Vermeer.

Nadie como él supo plasmar en sus lienzos la luz que en Delft toma un protagonismo especial, reflejándose en el agua y la piedra, y colándose entre las vidrieras de la Oude y la Nieuwe Kerk, la Iglesia Vieja y la Nueva.

A la izquierda, la torre del reloj de la Oude Kerk (Iglesia Vieja) y una imagen del interior del templo. / L. E. / S. G.

Los precios millonarios que algunos de sus cuadros alcanzan en las subastas de arte y el lugar preminente que ocupan en los museos han contribuido a extender la fama de esta ciudad, pero también la literatura y el cine. La escritora Tracy Chevalier logró un best-seller al imaginar cómo fue la relación entre Vermeer y una de las modelos de sus cuadros: la chica del turbante azul, La joven de la perla , a la que Scarlett Johansson dio vida en el cine pocos años después de publicarse el libro.

Precisamente el recorrido por Delft puede iniciarse en el mismo punto en el que Griet, la protagonista de la obra de Chevalier, comienza a caminar hacia su nueva vida: sobre la brújula de piedra de la plaza del Mercado o Grote Markt, la principal plaza de la ciudad.

La alta torre gótica de la Nieuwe Kerk (Iglesia
Nueva) capta la atención de los turistas.
Recorrer los canales es un placer. / S. G.

Desde ella se puede observar, a un lado, el ayuntamiento (stadhuis, en holandés), reconstruido en 1620 tras el incendio que lo arrasó dos años antes, y nuevamente modernizado en el XIX. Su fachada pugna por atraer las miradas de los turistas con la impresionante Nieuwe Kerk, al otro lado de la Grote Markt.

Construida entre los siglos XIV y XVI, en ella se encuentran enterrados los reyes de Holanda y cuenta con la segunda torre de iglesia más alta del pais, con sus cerca de 110 metros.

Dentro de la Nieuwe Kerk está el mausoleo de principios del XVII donde reposan los restos de Guillermo de Orange, fundador de la monarquía holandesa, así como diversos monumentos funerarios. También son interesantes las vidrieras. Bajo el mausoleo se encuentran las criptas donde están enterrados los miembros de la Casa Real de Holanda.

Los molinos salpican el paisaje que rodea Delft. / L. E. Vista de Delft, obra de Johannes Vermeer, está expuesto
en el Mauritshuis de La Haya. / S. G.

No se puede dejar pasar la oportunidad de subir a la torre de la iglesia, a través de una angosta y empinada escalera de caracol, de 372 escalones, para disfrutar de unas extraordinarias vistas.

El conjunto arquitectónico de la plaza se completa con hermosas casas que albergan cafés y restaurantes, ideales para reponer fuerzas.

Callejeando desde la Grote Markt se llega enseguida hasta el canal Oude Delft, la calle principal de la ciudad, donde hay varias mansiones señoriales, museos y la iglesia vieja, Oude Kerk, con su torre inclinada.

Esta calle tiene un encanto especial que invita a pasear por ella, disfrutando de los edificios antiguos, el canal y los árboles que lo flanquean.

La Oude Kerk fue construida entre los siglos XIII y XIV. En su interior se pueden admirar las vidrieras, el órgano principal y diversos mausoleos y sepulturas, entre ellas una sencilla lápida en el lugar donde descansa Vermeer.

La cerámica azul
Inspiración para el pintor holandés, lugar de reposo de los monarcas y cuna de la cerámica azul, el tercer gran atractivo de Delft. Decidir qué souvenirs comprar no es un problema en esta ciudad. La dificultad llega a la hora de escoger el artículo: baldosas, jarrones, vasos, cazuelas, platos, etc. Todos ellos decorados con motivos típicos del paisaje holandés: molinos, llanuras, etc.

En la misma calle de Oude Delft, cerca de la iglesia vieja, está el Museo Lambeert Van Meerten, dedicado a la cerámica azul, y la entrada al antiguo convento de Santa Ágata, donde se encuentra el museo Prinsenhof, dedicado a Guillermo de Orange, quien murió en este lugar en 1584 asesinado por un espía español.

En el museo, además de observar los orificios de las balas, podemos admirar una colección de cerámicas, objetos de plata y pinturas del siglo XVI, y hacer un recorrido por la historia de la rebelión de los Paises Bajos contra el Imperio Español.

Otro lugar interesante en Delft es la Oosport, única puerta que se conserva de la muralla construida hacia 1400, y desde la que podemos contemplar una panorámica de algunos de los canales de Delft.

Existen otros edificios que se van descubriendo poco a poco en un agradable paseo por la ciudad, como la Casa de la Balanza, la Lonja de la Carne, un molino del siglo XVIII o la iglesia de Maria van Jessekerk, de 1882, con dos torres que reproducen las de la iglesia vieja y nueva.

También es interesante visitar la Universidad Técnica de Delft, que se encuentra entre las mejores de toda Europa, o la Real Fábrica de Cerámica, que empezó a funcionar hacia 1650.


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