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lunes, 22 de marzo de 2010

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Trier: Romanos, cristianos, magos y comunistas

Situada a orillas del río Musela, se encuentra la que, con permiso de Augsburgo, presume de ser la ciudad más antigua de Alemania. Una ciudad cargada de historia que, gracias a que muchas veces ha pasado desapercibida, especialmente en la II Guerra Mundial, ha podido conservar intacto su patrimonio. Capital importante en el imperio romano, sede de la túnica de Cristo, ciudad natal de Karl Marx y lugar de paso de la reliquia de los Reyes Magos. Una ciudad cargada de contrastes que vale la pena conocer.

Juanjo Benítez_29/05/2008

Situada prácticamente en el cruce entre Francia, Luxemburgo, Bélgica y Alemania, Trier o si prefiere Treveris presume de ser la ciudad germana más antigua. De hecho, una inscripción en latín situada en la casa roja de la plaza del Mercado reza así: "Ante Roman Treveris stetit annis mille trecentis", es decir, Treveris fue fundada 1.300 años antes de Roma.

No obstante, esto es tan solo una leyenda basada en una supuesta fundación por parte de Trebeta, hijo del rey asirio Ninus. Hoy en día, los estudiosos afirman que realmente fue fundada en época romana por el emperador Octavio Augusto —unos 700 años después de naciera Roma— con la intención de salvaguardar las fronteras de las continuas incursiones de los bárbaros.
 
De este modo, Trier se convirtió en una ciudad importante en el imperio, un hecho que ha dejado un notable legado artístico monumental. Así, de aquella época, y más concretamente del siglo ii, podremos visitar la popular Porta Nigra. De dimensiones colosales, es una puerta de doble arco, flanqueada por dos torres —cuadradas en su interior y semicirculares en el exterior— y decoradas con pórticos. En los restos del claustro está situada, hoy en día, la oficina de turismo donde podrán obtener abundante información sobre la ciudad. Desde este antiguo acceso al recinto amurallado,podemos dirigirnos hacia la plaza del Mercado, a través de la Simeonstrasse, una vía peatonal que con el buen tiempo se llena de turistas y de alemanes paseando y disfrutando del sol, de un helado o de una buena cerveza. En el número 19 de esta calle, encontraremos, como nota curiosa, la casa de los Tres Reyes, donde según cuenta la leyenda, el obispo Dassel se detuvo en su transporte de los restos de los reyes de los Magos a la Catedral de Colonia. Actualmente, la casa se ha convertido en una cafetería, aunque todavía conserva el acceso medieval a la vivienda.

Ya en la plaza del Mercado, además de la citada anteriormente Casa Roja, debemos pararnos a contemplar y porqué no, fotografiar la preciosa fuente de San Pedro. Además, hay otros rincones en la plaza de verdadero encanto como la iglesia gótica de San Gangolf o la Cruz del Mercado. Todo lo anterior, con un ambiente realmente agradable en el que es el punto neurálgico y de encuentro en la ciudad.
Nuestra visita a Trier debe dirigirse ahora a la catedral que, según la tradición, en su cámara sacra conserva la túnica de Cristo, aquella que, según el evangelio de San Juan, se echaron a suertes los romanos después de crucificarlo en el Gólgota. Pero la catedral no es solo esta reliquia, ya que el monumento a nivel arquitectónico también merece toda nuestra atención. Se trata de un edificio con un auténtico laberinto de naves de diferentes etapas históricas y estilos artísticos, que fueron construidos sobre la base de una primitiva iglesia romana.

Esta iglesia reconvertida en catedral, la Porta Nigra, además del anfiteatro, los puentes, los baños imperiales y la basílica, son herencia de ese pasado histórico romano, en el que Trier fue una de las capitales fundamentales del imperio. De hecho, llegó a llamarse la segunda Roma por su influencia. El anfiteatro además de ser un punto de atracción turística realmente interesante también es un escenario sin parangón para la celebración de eventos culturales. Hay que destacar entre ellos, el Antikenfestspiele, un festival de teatro y ópera con temas antiguos, y el Brot un Spiele, el festival romano más importante de Alemania.

La dilatada trayectoria histórica de Trier ha propiciado que se produjeran en la ciudad múltiples sucesos, muchas veces llamativos por su antagonismo. Así, Trier que fue tan importante desde el punto de vista religioso, presume de ser la ciudad natal de un anticatolicista aférrimo como Karl Marx. Todavía se puede visitar la casa del fundador del socialismo científico en 1818, que se encuentra en el número 10 de Brükenstrasse (la calle del puente), a tiro de piedra de la plaza del Mercado.
Con tanta riqueza histórica monumental —de hecho es Patrimonio de la Humanidad— casi no hemos hablado de la exhuberante naturaleza de Trier, en especial de los parajes de su río Musela; ni tampoco de sus delicias gastronómicas, sobre todo, su vino variedad Riesling. Estos y otros tesoros que Trier tiene escondidos preferimos que los descubran por ustedes mismos.


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